De noche escuchamos tus pasos.
Alguna vez tomaste la voz de mi hermano prestada para reírte y sus fuerzas para golpear la duela.
Llegaste a ofrecerle un saludo al líder de la razón de esta casa.
Me miras cuando bajo las escaleras semi-dormida y escasamente arropada en las madrugadas.
Te siento pesada en mi espalda cuando subo hacia mi cuarto.
Te siento curiosa.
Te siento mujer.
Te siento enojada.
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